jueves, 9 de enero de 2014

Mensaje en una botella.

En el océano de las letras, de las formas, de las imágenes y de los sueños dejo partir este mensaje en una botella de cristal.

Como una sonrisa que navega a la deriva, aparentemente sin rumbo, movida por una fuerza invisible.

Algún corazón alado habrá liberado con su vuelo esta corriente que lleva de suspiro en suspiro y de boca en boca el color, el sabor y la fragancia de una palabra desnuda.

Sea.

Si yo pudiera llorar nuestra pena para siempre, me convertiría en llanto eterno y regaría con lágrimas dulces la tierra fértil que nos separa y que permanece en la sombra del olvido y la duda.

Mi llanto sería diluvio hasta que arrastrara todos los paisajes de cartón y el polvo del ambiente se convirtiera en roca bajo mis aguas.

Bien lo sabe el que Sabe que si yo supiera hablar, hablaría.

Mi aliento sería viento que desvaneciera todas las visiones en el único recuerdo vivo. Tu mirada.

Bien lo sabe el que Sabe que si yo supiera amar, amaría.

Es difícil pensar en varias direcciones cuando mi corazón ya ha elegido su camino.

Hay tanta belleza en la fragilidad y hay tanto vértigo en la vergüenza, que no sé por cuánto tiempo podré seguir llorando.

Pero sé que cada lágrima se convertirá en un río y más tarde en un océano, y que el polvo de hoy, mañana será roca sobre la que construir algo nuevo.

2 comentarios:

  1. Querido Germán, estoy enormemente sorprendido de tu fantástica manera de escribir. Gracias por permitirme entrar de esta manera dentro de tus sentimientos. Que Dios te bendiga.

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  2. Lindo, me encanta, me llega hasta el alma.

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